miércoles, 5 de mayo de 2010

La mujer como objeto


La mujer y los medios

ESE TRISTE OBJETO DEL DESEO

Alejandra Buitrago



De todas las formas de violencia contra la mujer quizás no se había dado una avalancha más violenta e inmisericorde como la de los últimos tiempos en la televisión y los medios masivos, muy especialmente en Colombia donde la mujer parece haberse empoderado en su papel de mujer objeto, que provoca deseo a esa figura masculina implacable, mordaz, que decide si ella es o no consumible.

LA MUJER COMO OBJETO DE LA PUBLICIDAD

Bajo el lema de que el rating de sintonía es el rey, el que manda por encima de los valores humanos, del respeto, de la igualdad, de la tolerancia, de la cultura, de la diferencia, los noticieros, los dramatizados y hasta los programas infantiles y las agencias de publicidad se han dedicado sin reflexionar al respecto a poner en pantalla el cuerpo provocativo de mujeres dedicadas a “fabricarlo” cada vez más “consumible” otorgándole un morbo delirante que nada tiene que ver con el nivel de preparación intelectual, o con el uso de las facultades mentales de cada una de las bellas exponentes.

Si cuando se celebró en 1997 la Conferencia Mundial de la Mujer en Beijín, China, las más expertas voces defensoras de los derechos de las mujeres protestaron alarmadas por la que llamaron en palabras de a fundadora del Grupo Mujer y Géneros de la Universidad Nacional, Florence Thomas, la “cosificación” de la mujer, qué no dirían estas mismas personas al ver la gran cantidad de comerciales, telenovelas, finales de noticiero de farándula (donde las presentadores compiten con las reinas de turno), realitys, que acuden a la figura de mujeres irreales, cero cotidianas, para reproducir como un cáncer la imagen de la mujer objeto.

Si es deseada es consumible, si es consumible, vende; si vende, sirve porque provoca mayor consumo, si no no sirve.

Mientras esas “supermujeres” llenas de silicona, de cirugías, de transparencias, de evidencias, de negación de sí mismas por dentro “venden”, las otras “creyéndose el cuento” consumen para parecerse a ellas y uniformar la sociedad de mujeres auténticas en una de mujeres disfrazadas de otras que no son ellas mismas porque se niegan su propia esencia.

Ese ejército creciente de modelos, niñas adolescentes que se creyeron el cuento de que para triunfar hay que transformarse, es decir, renunciar a su individualidad, ser voluptuosas, provocar morbo, ser telegénicas, hacer algo bonito como cantar, bailar (ojalá danzas con fuertes enfoques eróticos aunque carezcan de contenido cultural o nieguen sus propias raíces), se ha encargado de tapar, invisibilizar a esas otras mujeres, las reales, las que se cansan, sudan, que cargan, trabajan, deben plata, tienen hambre, las que escriben, investigan, piensan, las que contradicen, cuestionan.

En palabras de la columnista, escritora e investigadora María Teresa Herrán, segunda mujer presidente del Círculo de Periodistas de Bogotá, “no puede extrañarnos, que se predique la igualdad de la mujer, mientras en la práctica se le da un tratamiento discriminatorio que se trata de esconder”. Y agrega más adelante que a pesar de que hoy hay un buen número de mujeres directoras de medios de comunicación, ellas han ignorado su responsabilidad de frenar esta discriminación.



Para Florence Thomas, el sexismo o discriminación desde la prensa, la televisión, la radio y la publicidad, sigue siendo un tema burlado que se convierte en un chiste de mal gusto.

La Constitución Nacional habla de la igualdad pero los medios deciden poner en escena en la franja maldita (triple A) a mujeres caricatura, brillantes de gimnasio o candorosas, sumisas e inofensivas, que promueven el uso de jabones, shampoos, cosméticos, implementos de aseo. Con ello prolongan una de las milenarias discriminaciones humanas como es el rol femenino y masculino. Y más allá, el consumismo impartido desde el neo-liberalismo.

Aún el tratamiento a las llamadas mujeres políticas del poder está mediado por el uso de su apariencia personal por encima de su capacidad profesional o mental: las piernas de la precandidata, las cirugías de la senadora o el look de la ministra.

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